Cuando dices que lees novela romántica suelen mirarte con una sonrisilla... condescendiente. Como si leer sobre sentimientos o amar intensamente como los personajes de los libros que tanto te gustan fuera una tontería, o si emocionarte al leer fuera una debilidad o incluso algo de lo que avergonzarte.
Por no hablar de los típicos comentarios que acompañanan esa miradita y sonrisilla:
«Esto es todo igual»
«Finaces felices irreales»
¿Pero, por qué lees eso?»
